6 feb. 2008

5ª partida de Phoenicia

Bueno, por fin pudimos jugar esta partida, el 23 de enero, sin errores de reglamento. César, Francisco, Gonzalo y yo en cabaña de Francisco.

No voy a entrar en demasiados detalles. Sólo diré que enfrenté el juego con la idea de no caer en un espiral de sobreprecio por alguna tarjeta, y jugar más tácticamente. Desde luego, no podía caer en, según mi opinión, error de adquirir el Fort en las dos primeras rondas.

Efectivamente Gonzalo en la 2ª y luego César en ea 3ª adquirieron sendos Fort, lo que los limitó bastante en sus ingresos, porque si bien da una buena cantidad de trabajadores, por su costo hace que produzca iliquidez por 1-2 rondas.

Otra conclusión: con la mayor liquidez que yo tenía, pude adquirir algunas Cartas de Desarrollo que tenían descuentos en su adquisición si previamente se tenía otra carta. Yo no tenía esa carta previa, por la cual se disputaron otros jugadores, pero igual pude ofertar una cifra insuperable. O sea, una cosa compensa la otra. Ahorro dinero en la subasta de la carta que da descuento y con eso logro tener el dinero para adquirir una carta de muchos puntos, sin descuento.

Por otro lado, amén de no haber errores de reglas, la tensión en cada subasta era evidente.

Cuando los jugadores ya saben perfectamente el uso de las cartas; cuando los jugadores ya han visto lo que algunas combinaciones provocan, es cuando se saca mas partido al juego (vaya novedad; pero en este caso, el aprendizaje es un poco mas largo, por lo que hay que recalcarlo para no perder la paciencia). Porque no es un juego que encante por la vista, ya que el tema cada vez se va perdiendo más en la concentración que hay que tener en el monto a subastar y los efectos de cada Carta de Desarrollo. No se trata de saber solamente lo que rinde cada Carta de Desarrollo y cada tarjetón de fábrica, sino saber lo que rinde considerando un factor cambiante en cada partida: el precio pagado.

Entonces, no es como Puerto Rico donde se puede saber bastante bien la utilidad de cada edificio y su costo (que es fijo). Acá hay que llegar a conocer eso, con la experiencia de más partidas en el cuerpo, pero también hay que calcular el precio máximo a pagar en la subasta, según cada situación (costo variable según dinámica de esa partida en particular). Es una ecuación con mas elementos, lo que lo hace mas difícil.

A estas alturas, cada jugador subastada y pujaba calculando exactamente cuánto dinero tendría el otro en esos momentos. Claro, las monedas eran de público conocimiento, pero no así las cartas, cada una de las cuales podía representar desde un 4 a un 6. Ahí es donde también cada uno tomaba riesgos (y he ahí la utilidad de que las cartas de dinero, llamadas de producción en el juego), sean variables. Ese nivel de incertidumbre hacía más entretenido el tema del precio mínimo de subasta o hasta cuanto pujar, según el cálculo, conservador o arriesgado que cada uno hacía de la mano de los demás.


Cabe agregar una nota sobre el tiempo de duración de una partida, con cuatro jugadores. Al principio, con explicaciones y todo, me parece que estuvimos 3 horas con el juego. Ahora, tras nuestra 5ª partida, no superamos los 90 minutos.

Las subastas son cada vez mas tensionantes, pero no entre todos los jugadores. De los 4, normalmente eran dos los que peleaban una Carta de Desarrollo. Luego, la parte administrativa del poblado de cada jugador, era bastante expedita.

Además, la burocracia de fin de cada ronda, duraría a lo sumo un minuto.

EN SINTESIS: un juego difícil de "agarrar" al principio -sigue siendo un tanto árido-, pero curiosamente morigerado por la interacción que dan las subastas y la exquisita sensación que otorga el hecho de ir cada vez compenetrándose mas con las posibilidades que otorga.

Hemos terminado con nuestra 5ª partida, con enseñanzas comunes de qué es lo que no se debe hacer, mas que en tener UNA estrategia o combinación táctica de cartas, ganadora. Eso está muy bien.

Sin embargo, como dijo uno de los miembros de nuestro grupo, ya estaba un poco estresado con este juego, por el nivel de cálculo que debía estar realizando. De hecho, César, el jugador más ganador de nuestro grupo, perdió la última partida, "la que lo ganaba todo", y no lograba entender bien donde había estado su error (es de los jugadores cerebrales que analizan hasta el último detalle, comparado con mi acercamiento más intuitivo).

Otros comentarios finales de mis contertulios:

Francisco decía, a mitad del juego: no entiendo como ustedes me llevan tanta ventaja en puntos y dinero (comentario que ya le habíamos escuchado en partidas anteriores); y al final del mismo, se quejaba que hasta la fecha nunca pudo comprender bien una estrategia ganadora, como que le faltaba un tornillo a la máquina que tenía enfrente. Yo, habiendo tenido una caída muy fea en la partida anterior, tomé nota de ello y me repuse muy bien.

Esta partida la gané por un margen de alrededor de 10 puntos (llegué a los 34), seguido por Gonzalo, tercero César y finalmente Francisco.

Bueno Phoenicia, hasta la próxima!

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